Mis escritos, mis dibujos, mis fotografías; autores y textos que me gustan; algo de música y videos... aquí en mi página. (Si deseas acceder a la mayor biblioteca virtual existente en español, pincha en el enlace que aparece más abajo.)
Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayos y definiciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ensayos y definiciones. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de noviembre de 2012

La pluma: Desmitificando la Historia


Honor a quien honor merece


Acomo el gran Cortés y la inteligente Doña Marina son los padres de nuestra nacionalidad mestiza y al mismo tiempo, por desgracia, dos de las figuras más vilipendiadas de nuestra historia; del mismo modo, el verdadero padre de la patria mexicana es el malogrado emperador Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburú, quien, en un día como hoy: 27 de septiembre, pero de 1821, proclamó la independencia con respecto de España: no una potencia enemiga, sino nuestra madre, con la que importaba mantener estrechos nuestros lazos de agradecimiento y afecto.

Fue este criollo, nacido también un 27 de septiembre, mas de 1783, en Valladolid, hoy Morelia, quien a más de ser el verdadero responsable de la independencia de nuestra patria, nos dio los símbolos que la distinguen: el escudo y la bandera nacional; también, nuestro primer himno: la Marcha Solemne Mexicana, a la que quizá no sea desacertado llamar: Marcha Imperial Mexicana; pues hay que tener presente que nacimos siendo un imperio; hoy, cuando niños, se nos inculca en las escuelas el orgullo de ser parte de una república mutilada. Pero conviene anotar que nuestro territorio abarcaba desde Oregon hasta Panamá: ... algo que, convenientemente, se calla: todos los mexicanos sabemos que perdimos gran parte de nuestras tierras norteñas luego de la injusta agresión de los Estados Unidos en la primera mitad del s. XIX, pero casi ninguno sabe que perdimos también Centroamérica sin que nadie hiciera nada para evitarlo.

Además de inculcarnos, en las escuelas, el absurdo orgullo de ser parte de una repúbliquita, se nos inculca el orgullo de poseer un sistema de gobierno ajeno a nuestras raíces, que ni los indios eran republicanos ni los españoles tampoco. Piénsese en los tlatoanis aztecas o en los reyezuelos indígenas; piénsese, asimismo, en el emperador Carlos V, o en los sucesivos monarcas españoles...

En otro tema: El asesinato infame del verdadero padre de la patria (que no el sinvergüenza del cura Hidalgo, criminal elevado a los altares de la historia oficial), no ocurrió por desgracia sólo una vez en Padilla, Tamaulipas, lugar donde fuera fusilado, sin juicio, tras desembarcar procedente de Europa; ocurre, simbólicamente, cada que se calla el hecho de ser él el auténtico responsable de nuestra corta independencia, conseguida de manera incruenta y reconciliando a todos los sectores de la sociedad novohispana: el llamado Ejército Trigarante que entró triunfal en la ciudad de México, luego de la firma del plan de Iguala, que establecía las condiciones de nuestra separación con respecto a la metrópoli, estaba compuesto en parte por el antiguo ejército realista, antaño fiel a la corona de Castilla y por las tropas insurgentes. Ambos ejércitos, tanto el español como el otro, estaban compuestos, a su vez, por europeos, criollos, mestizos, indios y negros. José Joaquín Fernández de Lizardi, el autor del Periquillo sarniento, dijo en éste libro, palabras más, palabras menos, lo siguiente: «que nadie se llame a engaño, la nombrada "guerra de independencia" nunca fue una guerra entre españoles y americanos fue una guerra civil entre hermanos».

Otra infamia, ésta por cuenta de nuestros gobernantes, que cuando efectúan la ceremonia del «Grito», rinden honores, a quienes como el cura no pelearon en nombre de una patria que ni siquiera existía (Hidalgo se levantó en contra de la presencia napoleónica en la península ibérica e invocando al príncipe Fernando VII); o bien, a quienes como Morelos, eran partidarios del desmembramiento de nuestros territorios (el caudillo planeaba vender Texas a los angloamericanos), es tergiversar el significado de los colores patrios en alianza con la Secretaria de Educación, so pretexto de laicismo y siguiendo consignas masónicas: los mismos colores que eligiera Iturbide, con significados claramente explícitos: verde: independencia, blanco: religión (la católica), rojo: unión de todas las razas y grupos sociales, es decir, las Tres Garantías… Y, también, las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad; siendo, el blanco, el símbolo de la pureza de la fe; el verde, el símbolo de la esperanza puesta en la nueva patria y el rojo: el símbolo del amor, de la unión entre todos los nacidos en la otrora Nueva España, sin importar su origen. (Aquellos que se atrevan a dudarlo, pueden mirar las alas tricolores del angelito que se halla a los pies de la Virgen Morena, cuya origen se remonta a la época colonial y es, como resulta evidente, muy anterior a la existencia de nuestra enseña).

Fue el emperador Iturbide, asimismo, quien eligió como emblema patrio, él que carecía de sangre indígena, el águila azteca que hoy constituye el elemento más significativo de nuestro escudo. Fue él, también, quien asumió no ser sino un continuador de la tradición monárquica indígena, como hicieran antaño los españoles, que gobernando estas tierras, siempre asumieron ser continuadores de Moctezuma, cuyos descendientes, reconocidos como nobles por Carlos V, volvieron a reinar en América con posterioridad a la conquista: en México y en el Perú: hoy, todavía se alza en España, el palacio de los condes de Austria-Moctezuma, lo mismo que se alza en otro rincón de la península el palacio de la hija de los antiguos reyes del Perú… Que la colonización española nunca fue como la inglesa o la francesa… (Y hay que saber que la inglesa fue la peor de todas...)

Francisco Gonzáles Bocanegra, poblano, autor del Himno Nacional, dejó bien claro en un par de estrofas de su himno a quién deberíamos honrar como abanderado y guía, jamás mencionó al párroco de Dolores; estrofas que, por obvias razones y para no disgustar a Washington, fueron suprimidas más adelante: la Casa Blanca estuvo detrás de la caída del Dragón de Fierro —apodo dado a Iturbide—, a través de su agente Joel R. Poinsett —cercano amigo de Santa Anna y de Vicente Guerrero—; así como estuvo detrás de la imposición del sistema republicano y de nuestro posterior desmembramiento.

 ... Aquí, las estrofas eliminadas:



 Si a la lid contra hueste enemiga,
 Os convoca la trompa guerrera,
 De Iturbide la sacra bandera,
 Mexicanos, valientes, seguid.
Y a los fieros bridones les sirvan
Las vencidas enseñas de alfombra,
Los laureles del triunfo den sombra
A la frente del bravo adalid.


Del parricidio de Iturbide y de la posterior imposición del régimen republicano (obra del nefasto Santa Anna por indicaciones de Poinsett), data que, para deshonra nuestra, nuestro nombre oficial, a imitación del país de allende el Bravo, sea: Estados Unidos Mexicanos en contraposición a México, nombre otorgado por el libertador (no se olvide que éramos la Nueva España y los jefes insurgentes jamás se refirieron a nuestro actual país con ese nombre: Hidalgo y Morelos, por ejemplo, aludían a la América Septentrional...).

En suma, que para concluir: Ni somos independientes ni recordamos a quién si nos dio, aunque efímeramente, la independencia, nombre a nuestro país, la bandera y el escudo...: ¡Viva Agustín de Iturbide, verdadero padre de la patria mexicana! Que, evidentemente, no supo merecerlo ni tampoco supo merecer ser libre.




Nota: Publiqué originalmente este artículo en Facebook, y circuló, en su momento, en un par de foros de Historia en línea... Hace poco me la pidieron para publicarla en esta página: http://www.mitofago.com.mx/2013/04/27/honor-a-quien-honor-merece/, y, recién me entero que ya circula en otro blog: http://cuadernodebitacorabcs.blogspot.mx/2013/04/honor-quien-honor-merece-por-gaston.html?spref=fb.

Las estrofas eliminadas:


domingo, 14 de octubre de 2012

La pluma: Desmitificando la Historia


México y la hispanidad
EL termino Hispanidad designa al conjunto de pueblos de lengua y cultura hispánicas. México (antigua Nueva España) es el centro de la Hispanidad. Hoy por hoy, es la única nación con capacidad de encumbrarse y de dirigir al resto de las naciones hispánicas. La Madre Patria, atrapada en el cebo de la Unión Europea, es una nación decadente en la que la democracia y los militantes de la izquierda han hecho estragos convirtiéndola en la cloaca de Europa, tanto como no es menos cierto que México es, por ahora, el patio trasero de Estados Unidos.

Como americano, ser hispanista no es desdeñar la riqueza cultural de las etnias precolombinas, es reconocer el hecho cierto de que nuestra cultura es predominantemente de cuño ibérico. En esta tierra hay países de población mayoritariamente indígena como Perú y Bolivia, países de población predominantemente mestiza como México, países con importantes nucleos de población africana como Cuba y la República Dominicana, y, países de población predominantemente europea como Uruguay y Argentina, todos unidos por el mismo idioma, la misma fe y una herencia común: la que dejaron conquistadores, evangelizadores y colonizadores.

Como mexicanos, reconocer nuestro legado europeo es el primer paso para comprender nuestras conflictivas relaciones con nuestros vecinos del norte. Es preciso saber que la enemistad de siglos entre Inglaterra y España fue trasladada a nuestro continente en las personas de los puritanos y colonos ingleses y en la de los conquistadores españoles, de los cuales somos, en parte, descendientes. España perdió su hegemonía ante Inglaterra, nosotros no alcanzamos la nuestra debido al actuar hábil de los hijos de la Pérfida Albión *.

Repudiar la conquista (siendo que sin ella no existiríamos) es una actitud neurótica. Los enemigos de lo hispánico, por otra parte, exhiben una notable falta de lógica. Si «los españoles», dicen, «nos conquistaron», por tanto, somos indios… Más luego prosiguen: «los españoles exterminaron a los indios», de donde se deduce, si los exterminaron, que los mexicanos no son indios; deben ser por fuerza españoles, cosas ambas que no casan con la realidad. Los españoles no nos conquistaron a nosotros, conquistaron a la casi totalidad de los pueblos indígenas de América, aliados con otros indígenas, unos y otros son nuestros ancestros. El criollo y el indio puro, a su vez, son culturalmente mestizos.

¿A quiénes conviene esa neurosis, ese odio al español arrogante y conquistador y ese desprecio al indio bárbaro e incivilizado? Obviamente a los anglo-americanos. Los españoles no eran hermanitas de la caridad, eso hay que tenerlo bien claro, mas los indios tampoco eran blancas palomas, así y todo es de admirarse la soberbia de unos y el estoicismo de otros (cualidades que bien deberíamos procurar adquirir).

Aceptar, serenamente, las luces y sombras (sombras terribles) del mundo indígena, tan falsamente idealizado por algunos y la grandeza de la nación que nos conformó: España (no por nada se la llama La Madre Patria), sin negar sus errores pero rechazando enérgicamente la Leyenda Negra, compuesta de verdades a medias o fuera de contexto, tal es la tarea que nos toca, conscientes de que hablamos y pensamos en español y de que pese al peculiar sincretismo que nos distingue pertenecemos al Occidente Latino, opuesto necesariamente al Occidente Sajón.


Bandera de la Hispanidad
__________
*Nombre dado a Inglaterra.

martes, 14 de diciembre de 2010

Qué es...


Lo mexicano
 

Lo mexicano es la fusión de lo indígena con lo hispánico.

SALVADOR BORREGO ESCALANTE


NUESTROS abuelos ibéricos conquistaron a nuestros abuelos indígenas... ¿Por qué esta afirmación tan simple, tan positiva, no aparece escrita en nuestros libros de Historia? Somos hijos de España tanto como somos hijos de esta tierra…

Tristemente, en vez de haber heredado las virtudes de conquistados y conquistadores, parecemos haber heredado solo las taras y los defectos: así, en vez de ser soberbios y desmedidos como Cortés (y la soberbia es una virtud, poco me importa que esto no puedan comprenderlo los ignorantes), preferimos ser torpes e imbéciles como Pánfilo de Narváez; en vez de ser altivos y desdeñosos en la derrota como Cuauhtémoc, preferimos ser pusilánimes y cobardes como Moctezuma.

Aunque herederos de la riqueza cultural del mundo indígena, ante su evidente atraso material, preferimos desdeñarlo e ignorarlo olímpicamente; de nuestra fuerte herencia hispánica no somos en absoluto conscientes…

Para acabar de empeorar las cosas, como baluarte que somos de España en América, hemos heredado la perpetua enemistad entre el mundo anglosajón y el mundo ibérico (como ya lo apuntara Vasconcelos). Derribada ya, para siempre, la supremacía de Inglaterra en el concierto de las naciones, nosotros los nacidos en este rincón del planeta, hemos tenido que contender con los Estados Unidos de América. Quienes no contentos con adueñarse del nombre de América para sí, se han adueñado de todo el continente.

Es penoso, sumamente penoso, ver la admiración sin límite que la gente estúpida —descastada y estúpida— parece sentir por el vecino del norte. Si ellos gustan de parecer unos palurdos, aquí no tardamos en mostrarles que podemos intentar ser tan palurdos como ellos o, por lo menos, perseverar en el intento. En el mundo, el gringo es siempre visto como un ser inculto, ignorante, suficiente y (vuelvo a emplear este término) estúpido… Y aquí, hay muchos que dieran por ser todo lo que el gringo es.

Que el gringo se viste mal y ahí vamos, a vestir tan mal como ellos; que come todavía peor, y nosotros no nos quedamos atrás; que se limpia el culo con la bandera (y vaya, ahí todavía no llegamos)… Su practicidad (la del gringo), su vulgaridad (no en vano se jactan de ser tan democráticos), nos parecen admirables… Sus costumbres decididamente pueriles (en el peor sentido de la palabra), sus tradiciones (fundadas en el mercantilismo), toda su ideología cretina y cretinizante (sus películas, sus comics de «superhéroes», su arte absurdo y horrible, desechable…), todo eso lo tratamos de copiar…; su idioma (que ni ellos son capaces de hablar bien); hay mucha gente mentecata que inmediatamente cree subir de categoría hablando inglés (cuando aún no han conseguido siquiera masticar el castellano)…

Terrible, verdaderamente terrible.

Con qué facilidad olvidamos los agravios…

Con qué facilidad olvidamos lo que somos: …hijos de España…, hijos de esta tierra... (que ya va siendo hora de que nos percatemos de ello).





Magnífica canción en la voz del «tenor continental» Pedro Vargas. (Me abstengo de opinar sobre las imagenes.)





El himno nacional mexicano completo (incluye las estrofas en honor del emperador mártir Agustín de Iturbide).





Marcha del primer Imperio Mexicano; la bandera es la de las tres garantías (diseñada por Iturbide, lo mismo que la anterior)...

__________
Imagen: Bandera Imperial de México; al centro: el águila azteca, símbolo de nuestro pasado indígena (enmarcada por el medallón del emperador Maximiliano); en diagonal, cruzándola por las cuatro puntas: la cruz aspada de San Andrés, símbolo de nuestros lazos con España; por último los tres colores verde, blanco y rojo, de la enseña del emperador Iturbide. Tal es la que quisiera ver ondear un día.


martes, 28 de septiembre de 2010

Definiciones


Qué es la literatura



LA literatura es el arte de la palabra, nada más. No es otra cosa. (Si se comprende esto, está bien.)


... Ahora, ¿qué es el arte? El arte es la expresión de lo bello, así de simple; y la belleza no es más que la perfecta armonía entre las partes de un todo o —en palabras de Valle-Inclán—: «La belleza es la intuición de la unidad...» Y la unidad, digo yo, es condición esencial del arte... Ya el gran Oscar Wilde se cuidó de anotar, una vez, lo siguiente: «No hay arte sin estilo y no hay estilo donde falta la unidad, y la unidad pertenece al individuo...» (De donde se desprende, además, que toda creación artística auténtica es, por fuerza, personalísima.)

Hablemos, en este momento, de Gertude Stein, escritora norteamericana, quien posara para Picasso, declaró: «Bello ha llegado a significar solo bello, no hay elogio más común ni más soso»... Claro que, Gertrude Stein era una mujer feísima: bien podemos desestimar, completamente, su opinión... Examinemos, mejor, una frase dicha por Voltaire: «La belleza es relativa: por ejemplo, para el sapo lo más bello es la sapa»... Pregunta para el sagaz lector: ¿tienen los sapos derecho a opinar? A mí me parece que no y la belleza no es relativa, tan solo hay personas de mal gusto... Y qué es el buen gusto (tal vez algunos se sentirán tentados a cuestionar); el buen gusto es como el amor: se tiene o no se tiene y, cuando se tiene, no se pregunta por él.

Tornemos a la literatura: ¿qué criterios se requieren para determinar si un libro vale algo? Se requieren, únicamente, tres cosas: cultura, inteligencia y sensibilidad: una cultura amplia y vastísima, una inteligencia fina y aguda y una sensibilidad exquisita; es todo.

¿Cuáles son los mejores libros? John Ruskin, quien fuera mentor de Oscar Wilde en Oxford, aseguraba que: «los mejores libros son los que han sido escritos en el campo, lejos de las ciudades.» Pero, yo no estoy muy seguro de que esto sea cierto. Borges, a quien detesto (dicho sea de paso), afirmaba que: «Los grandes libros son libros de viajes:… La Ilíada, La Odisea, Las sagas Islandesas, Las aventuras de Simbad el marino, La Divina Comedia, Don Quijote, Los viajes de Gulliver, Robinson Crusoe, Moby Dick, Alicia en el País de las Maravillas…» (Y un largo etcétera que me resisto a enumerar… ¡Ah!, y Lolita. Borges no lo incluye, pero lo incluyo yo.)

Volviendo con Ruskin, este agregaba que en segundo término había que leer aquellos libros que eran rítmicos; es decir, que tengan en sí buena música. Este criterio es para mí uno de los más razonables. Los griegos consideraron que la literatura no era en sí, sino un arte de narrar, de referir simplemente. Los buenos libros, hay que saberlo, están dirigidos primordialmente al oído.

Sea, ¿qué clase de libros debemos evitar? Toda clase de libros que tengan tintes políticos o propagandísticos de cualquier clase o que, persigan reivindicaciones sociales: son panfletarios y, por lo tanto, malos; no son literatura pura... Toda clase de libros que persigan fines didácticos o moralizantes y que no sean obra de un gran pensador o escritor... Por último: los libros de éxito: los libros que agradan a las mayorías suelen ser invariablemente malos.

... ¿Tres autores raros y perfectos? Jayyam, Saadi y Hafíz… Hay que leer a los persas… Goethe confesó una vez a un embajador, amigo suyo, que los persas habían tenido solamente a siete poetas a los que habían considerado como verdaderos maestros; pero, aún entre aquellos que habían rechazado, los había mejores que él... (Lo cuál, desde luego, es completamente cierto: Goethe, quien escribiera uno de mis libros favoritos, Las desventuras del joven Werther, no se libró de aquello que Nietzsche achacaba a los escritores alemanes: la pesantez, algo de lo que luego adolece, asimismo, el filósofo.)

Para terminar: ¿cuál es el panorama de la literatura actual? Libros idiotas, escritos por idiotas, para un público idiota. El aprecio por las buenas lecturas ha decaído notablemente y la inteligencia de los escritores también.


Seguidores