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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lecturas y autores recomendables


Los libros que han marcado mi vida


NO HA POCO, un candidato a la presidencia de la República Mexicana, cuyo nombre no voy a mencionar aquí (aunque no sea más que por que en este blog no me gusta citar ni dar cabida a la gente bajuna) cometió una serie de dislates al ser interrogado ante las cámaras en una feria internacional del libro ocurrida en la ciudad de Guadalajara. «¿Cuáles son los tres libros que han marcado su vida?», fue la pregunta; y sobra decir que el candidato no supo responder. Las mofas y las burlas no se hicieron esperar. El hecho trascendió nuestras fronteras y en Francia se publicó una nota en primera plana. A decir verdad, yo ignoro si esto sorprendió a los galos; pero lo que es a mí, mal podría asombrarme: en México, la mayor parte de los mexicanos no son capaces de leer un libro ni por accidente, eso sí, son los mayores consumidores, a nivel mundial, de revistas y de publicaciones periódicas sin valor alguno. (Seguramente, el caso del candidato; muy probable lector de las revistas del corazón en donde, de cuando en cuando, sale su mujer; otrora, actriz de televisión...) México es un país sorprendentemente rico en cultura, pero ello —hay que decirlo— muy a pesar de los mexicanos... En mi país, vuelvo a insistir, la gente no lee y cuando lo hace, no lee cosa que valga la pena. Un candidato a la presidencia, pues, hablando en plata, ignorante, iletrado y estúpido no es ni podía ser cosa del otro jueves; en México es así.


... Como sea que después yo me hice, para mi copete, la misma pregunta; me la contesté en el acto y me dije inmediatamente: voy a compartir mi respuesta —con los visitantes de mi página—; y he aquí, la lista de los libros que han marcado mi vida...

Comienzo, antes que con un libro, con un autor: Oscar Wilde, quien fuera bautizado al nacer como:


Oscar Wilde
retratado por Napoleon Sarony

OSCAR FINGAL O'FLAHERTIE WILLS WILDE (apelativos todos que su madre, irlandesa de nacimiento, encontraba muy célticos)... Sin lugar a dudas, uno de mis autores predilectos y uno de los que más influencia han tenido en mi vida, o para ser más puntual, en mis posturas estéticas ante la literatura y ante el arte en general; y no sé, con franqueza, hasta donde he coincidido con él y hasta donde, verdaderamente, lo he seguido.

He de contar que comencé a leerlo durante mi infancia. Leí, por entonces, El príncipe feliz y otros cuentos, El fantasma de Canterville y Una casa de granadas... En los inicios de mi adolescencia, a los doce años, leí El retrato de Dorian Gray y me fascinó como lo anterior suyo (a pesar de que como novela deja bastante que desear). Casi al mismo tiempo, leí El crimen de lord Arthur Saville y otras historias y unos cuentos, presuntamente, apócrifos. Luego, bastante tiempo después, un par de obras teatrales suyas: SaloméLa importancia de llamarse Ernesto (a pesar de que no soy buen lector de teatro);  y sus  Frases... y sus Poemas en prosa... Para no cansar al lector, diré finalmente que di más tarde con sus Obras completas y que las leí casi todas, exceptuando sí, buena parte de su poesía; salvedad hecha del poema Ravenna (que no dejó huella en mi memoria) y de la Balada de la cárcel de Reading, sobre este libro volveré más adelante... Diré, además, que el nombre de este blog es un guiño al título de una de sus obras: un ensayo titulado Pluma, lápiz y veneno (también la etiqueta, que puede consultarse aquí mismo en el índice de esta página, con el nombre: Frases y filosofías)...

Una casa de granadas, de Oscar Wilde
¿Fue Oscar Wilde un gran escritor? No; ciertamente, no lo fue. Gide, el gran prosista francés, aseveró —y no andaba errado—  que había un exceso de literatura en su obra... Gran escritor no, definitivamente; pero siempre disfrutable y un esteta sin comparación. Artista en sus actitudes (como cumple a todo dandy que se precie de serlo), más que en su literatura, fue superior como crítico que como escritor (aunque, como apuntara él mismo, la crítica constituye en sí un arte)... Suya fuera, en su momento, esta declaración (que da fe de lo precedente): «He puesto todo mi genio en mi vida, en mis obras solo he puesto mi talento.»

De él, Borges (a quien detesto) declarara: «más allá de su pecado, lo asombroso de Oscar Wilde es que siempre tenía razón, o parecía tenerla» (que para el caso es lo mismo, digo yo).

... ¿Su pecado?... bueno, es de sobra conocido: era homosexual. Ello lo llevó a pagar con sus huesos en la cárcel: acusado de haber seducido al tercer hijo del noveno marqués de Queensberry, hombre de malas pulgas y de pocos amigos que fijara las reglas del boxeo moderno. Allí, compuso la tristísima Balada de la cárcel de Reading, dedicada a un reo condenado a muerte por asesinato.

De dicho poema, son célebres estos versos: [...] cada hombre mata lo que ama. / [...] el cobarde hiere con un beso, / el valiente mata con una espada.

Ingenioso y ágil, maestro de las paradojas, certero en sus juicios en todo momento, sus ideas filosóficas, muy profundas, acerca del arte y la belleza, no han tenido el eco que debieran, más que nada, por el tono desenfadado y frívolo —aparentemente— en que las dijo.

De él, dejo esta frase que da buena cuenta de su peculiar genio:

 

«No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.»


Y cierro con esta otra:


«Hay que dirigirnos al arte antes que a la vida; el arte nunca nos hiere.»


Descanse en paz, Oscar Wilde.



Ahora, tengo que hablar de tres autores (en realidad cuatro, como los tres mosqueteros que no son tres sino cuatro: Athos, Porthos, Aramis y D'Artagnan), autores leídos en mi infancia y a lo largo de toda mi vida y sin los cuales no podría explicar lo que soy (cuentacuentos, vaya): CHARLES PERRAULT, los hermanos Grimm y el genial Hans Christian Andersen...


Barba Azul, un cuento de Charles Perrault

Empezaré hablando del señor Perrault, autor de ese maravilloso cuento infantil acerca de un hombre que asesinaba a sus esposas: Barba Azul. Que hoy día, merced a las intromisiones de los sicólogos tarados, ha dejado de ser tan popular como lo fuera por espacio de más de dos siglos. Hoy, ya no se escriben cuentos tan hermosos como éste; los actuales están llenos de corrección política, de buenas intenciones y de «sana moral» (muy del gusto de los sicólogos ya aludidos y de los padres ignorantes); pero desprovistos, por completo, de lo esencial; esto es: de arte.

Perrault plasmó, asimismo, la primera versión escrita de la Caperucita roja (un cuento inquietante donde los haya); en esta versión, el malvado lobo se come a la ingenua Caperucita y se termina el cuento. Perrault lo concluye con unos versos chatos, que a la letra dicen lo siguiente (los anoto de manera parcial):


Aquí vemos que en la adolescencia,
en especial las jovencitas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.


De donde una persona sagaz, puede inferir que el lobo es solo una figura simbólica... Un dato curioso y espeluznante que confío hará saltar las cejas de mis lectores, es que en las primitivas versiones orales, muchas de las cuales ya circulaban ampliamente en el Medievo, el lobo feroz violaba a la niña y sólo después la devoraba. Aterrador ¿no?... Perrault conocía bien esas primeras versiones.

Otro cuento que escribiera este filósofo y miembro de la Academia Francesa (cuyas obras filosóficas y eruditas hoy están, felizmente, olvidadas) fue El gato con botas; en donde asignó a uno de sus personajes uno de los nombres más afortunados de la literatura: hablo del marqués de Carabás (que me recuerda, un tanto, los fantásticos nombres que pueden encontrarse en el Quijote: pienso, por ejemplo, en el gigante Caraculiambro, o en Pentapolín del arremangado brazo, rey de los Garamantas: que vaya uno a saber qué quiso decir Cervantes..., o en la princesa: Placerdemivida... Cervantes fue un grande, a no dudarlo).

...  Así, hasta dejar un total de ocho cuentos: Piel de asno (historia de un rey enamorado de su hija) y otros igual de interesantes.



Y vayamos ya, con los HERMANOS GRIMM. Cuyos cuentos han sido mutilados y deformados por Walt Disney...

... Blancanieves (en alemán: Schneewittchen, cuya traducción correcta en castellano sería: Copo de nieve).


Blancanieves

Una reina llena de envidia, a quien espanta que su hijastra pueda seducir a su marido. Un connato de abuso a una niña, un acto de pretendido canibalismo, varios intentos de asesinato y una muerte en medio de un atroz suplicio es lo que puede encontrarse en este relato... El cuento más entrañable de mis años infantiles (y una obra maestra, un cuento perfecto; muy alejado de la visión rosa y poco inteligente del norteamericano).

... Doscientos cuentos: entre ellos clásicos como el de Blancanieves ya citado, La Bella durmiente, La Cenicienta, una nueva versión de la Caperucita roja y otros como el estupendo Piel de oso (acerca de un soldado que pacta con el diablo y se ve sometido a una dura prueba).

La magia, la fantasía, la elegancia literaria y en no pocas ocasiones, la crueldad más macabra se hallan presentes en estos relatos (que en las modernas ediciones se hallan 'debidamente' expurgados).


  
Hans Christian Andersen
Y... llegamos a ANDERSEN (que es a los daneses lo que Shakespeare a los ingleses)... Quien escribiera un total de poco más de 160 cuentos, aparte de obras poéticas, novelísticas y teatrales. Tolstói —el gran ruso— alabara su estilo.

La sirenita, El valiente soldadito de plomo y El patito feo, son algunos de sus cuentos inmortales.

Las insípidas y mediocres adaptaciones de estos encantadores relatos difícilmente pueden dar idea de la belleza y grandiosidad de su obra; me conviene anotar aquí, que en su patria está considerado como el más grande poeta nacional y junto con el filósofo —precursor del existencialismo— Søren Kierkegaard, está considerado como una de las dos mayores figuras de la literatura danesa.

... Por cierto, no está de más anotar también, que tuvo amistad con el filósofo. Amistad que luego naufragaría; debido a que a éste último no le hacía mucha gracia que los libros de Andersen se vendieran mucho más que los suyos. Kierkegaard, por otra parte, incursionaría en las letras ocupándose de la obra de este artista... A su entierro, años más tarde, acudiría la familia real encabezando el cortejo; uno de sus miembros cargaría el féretro; patente testimonio del respeto que se tenía a quien ya era considerado una gloria.

... Alabado por Dickens y León Tolstói, amigo cercano del escultor Thorvaldsen (el más grande escultor danés hasta el día de hoy), conocedor de muchas de las personalidades artísticas y literarias de su época: Franz Liszt, Víctor Hugo, Eugene Delacroix, Federico Chopin (etc.), huésped de honor de reyes y emperadores, admirado por Wilde (quien tomara de sus cuentos asuntos para los suyos, hecho que los seguidores de Wilde ignoran), prolífico escritor de canciones para la Ópera, hoy pide ser releído en versiones decentes y no cambiadas o simplificadas para los más tontos...



Sea, ocupémonos, en este instante, de otro escritor: Pushkin, ALEKSANDR SERGÉYEVICH PUSHKIN: el Padre de la Literatura Rusa.


Aleksandr Pushkin
Muerto en un duelo a los 37 años de edad, era descendiente por la rama materna de un esclavo abisinio: Abraham Hannibal, a quien el zar Pedro el Grande concediera riquezas y honores. Descendiente, a su vez, por la línea paterna de la más rancia aristocracia rusa (boyardos con seis siglos de señorío), aprendió su lengua de su ayo. Y es que, en la Rusia decimonónica, la nobleza no hablaba ruso, hablaba francés. La lengua rusa se consideraba exclusiva de las clases bajas. Hasta antes de la aparición de Pushkin, no existió, pues en su patria, una literatura nacional propiamente dicha. Él va a ser el primero en escribir, con intenciones artísticas, en ese idioma; revolucionando, de paso, todos los géneros por entonces establecidos: la poesía, la novela, el relato, el teatro y el ensayo histórico. Es, sin titubeos, el clásico ruso por excelencia.

Reverenciado por Dostoyevski y considerado como el más grande poeta nacional de su país, Pushkin supuso, para mí, la puerta de entrada al fascinante mundo de la literatura rusa.

Adscrito formalmente al clasicismo pero temáticamente al romanticismo, su prosa es límpida, clara, amena y de gran sencillez. Sus cuentos y novelas de capa y espada constituyeron una de las revelaciones más gratas de  mi adolescencia. Y su vida, quiero consignarlo, breve, apasionada y trágica daría abundante material para muchos otros cuentos y novelas, si alguien quisiera escribirlos. Genio precoz de la poesía y las letras, galán exótico (con una tumultuosa vida sexual a sus espaldas), cortesano exquisito, agitador social, desterrado político, es un autor a quien se lee con gusto y asombro, y un autor imprescindible para quien desee iniciarse en el conocimiento de la literatura rusa.

Dos obras suyas, altamente recomendables, son: La revuelta de Pugachov y La hija del capitán, ambas tienen como trasfondo, un episodio crítico del pasado ruso: la rebelión de Pugachov, que iniciada en el siglo XVIII como un levantamiento de los cosacos, llegó a convertirse en una auténtica guerra campesina.

Sin Pushkin, hay que dejarlo muy en claro, no habrían podido surgir figuras venerables como Tolstói o titanes sobrehumanos como Dostoyevski; y es de Dostoyevski de quien voy a hablar ahora...


Fiódor Dostoyevski, por Vasily Perov

FIÓDOR MIJAILOVICH DOSTOYEVSKI... Dicen que nadie puede volver a ser el mismo tras leer Crimen y castigo (según consenso, una de sus obras cumbres; si bien él prefería Los hermanos Karamazov —que yo hallo soporífera). Y bueno... es posible: a mí me impresionó fuertemente; pero confieso haber gustado más de La casa de los muertos (o Memorias de la casa muerta, como puede leerse en otras ediciones): un recuerdo de su estancia en el presidio; a donde fue deportado por  motivos políticos, al igual que Pushkin, su maestro. Él también fue un  desterrado, y en la lejana y fría Siberia...

Tres obras de mi predilección, anteriores a Recuerdos de la casa de los muertos, son: Noches blancas, Nétochka Nezvánova y Humillados y ofendidos.

Noches blancas es una corta novelita sentimental en donde no es difícil reconocer, en el personaje principal, a Dostoyevski.

Nétochka Nezvánova —una novela inacabada— narra la infancia miserable de Nétochka que es abandonada a su suerte por su padrastro músico tras la muerte de su madre y como ésta es recogida por un príncipe anciano que tiene una hija de la edad de Nétochka... Nétochka y la princesita se enamoran de manera apasionada y violenta... Son muchas, por cierto, las opiniones y comentarios que ha despertado en algunos estudiosos el marcado interés de Dostoyevski por el erotismo infantil, tema recurrente en muchas de sus obras.

Humillados y ofendidos es la historia de un joven escritor en los inicios de su carrera —trasunto, una vez más, del propio Dostoyevski—, que se ve envuelto en una serie de relaciones trágicas: el protagonista va a estar enamorado de una joven —que a efectos prácticos es como su hermanastra—, pero con el inconveniente de que ésta, a su vez, va a estar enamorada de un aristócrata: un príncipe (algo manipulable e infantil y completamente dependiente de la voluntad y de las decisiones paternas); el escritor, por su parte, va a lograr despertar el amor de una huérfana: una niña de trece años a la que ha recogido en la calle y  a la que ha convertido en su protegida (que posteriormente va a resultar ser hija bastarda del padre del príncipe). Al final, la niña que está gravemente enferma muere y ninguno de los personajes consigue lo que tanto ansiaba: el príncipe abandona a la muchacha incitado por su padre y contrae matrimonio con una joven heredera; el escritor ve sus deseos hacia la muchacha frustrados y cuando descubre el amor que alimenta la niña en su pecho hacia él ésta fallece.

Y en cuanto a La casa de los muertos, que es con la que por el momento termino, pretende ser la obra de un noble condenado a prisión y destierro por asesinato; ahí, Dostoyevski plasma sus impresiones de la vida carcelaria, doblemente penosa para quien como él se trata de un hidalgo que es visto con recelo por los demás presos. Densa, fascinante y tremenda (si se tiene en cuenta que, aparte de hacer literatura, Dostoyevski nos está narrando su propia vida) esta novela es una de mis favoritas y una de las más grandes de la literatura universal...

Continuará...


3 comentarios:

  1. Yo me quedo con varios clásicos: “Los hermanos Karamazov”, “Madame Bovary”, “Ulises”, “Ana Karenina”, “El mito de Sísifo”, “Hamlet”, “El Aleph”, y “Por el camino de Swann”. Y por supuesto, Kafka y Cortázar.

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  2. Gracias por sus comentarios... Más tarde publicaré la segunda entrega. Saludos.

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